La capacidad de la tecnología para proporcionar una plataforma de aprendizaje experiencial más allá de los constructos teóricos es una razón fundamental, aunque no la única, de su crecimiento como herramienta en el entorno de capacitación. También es un medio técnico con el que estamos familiarizados, que nos resulta fácil de usar y comprender intuitivamente.
Si la tecnología no solo es un medio más eficaz, sino también más accesible, para el desarrollo de destrezas, ¿por qué no la movilizamos para el urgente proyecto nacional de desarrollar la base de destrezas de nuestros jóvenes?
Verá, esta competencia digital no está disponible solo para un segmento de élite de la sociedad; es el pegamento que une a un colectivo de nativos digitales, trascendiendo clases, antecedentes y culturas específicas. Y como he sugerido anteriormente, los millennials de África utilizan la tecnología digital de forma tan intuitiva como cualquier otra persona en el mundo.
Por lo tanto, más que en cualquier otro momento de nuestra historia industrial, tenemos la infraestructura educativa para realinear lo que se enseña en nuestros sistemas educativos con las destrezas requeridas en el mercado moderno.
Porque no es solo la escasez de empleos lo que alimenta el desempleo de seis millones de jóvenes en Sudáfrica. En muchas áreas, nuestra fuerza laboral simplemente no tiene las destrezas adecuadas. Así que, aunque las iniciativas gubernamentales recientes están incentivando a las empresas privadas a emplear a jóvenes –con la campaña más reciente YES (Youth Employment Service) que tiene como objetivo ofrecer más de un millón de puestos de trabajo a jóvenes–, necesitamos asegurarnos de que nuestros jóvenes tengan las destrezas necesarias para prosperar en el lugar de trabajo. Cualquier solución para poner en marcha a nuestros jóvenes también debe abordar de manera más directa el déficit de destrezas subyacente.
Con una cartera de materiales de capacitación en constante expansión que se utiliza en el lugar de trabajo en un medio accesible, ¿no existe la posibilidad de escalar estas aplicaciones hacia entornos de aprendizaje más amplios –quizás incluso escuelas– para poner más destrezas relevantes al alcance de los estudiantes de nuestra nación? ¿Podría el enfoque de nuestro CSI educativo ser adaptar derivados de materiales de capacitación adecuados a una experiencia educativa en clase? ¡Llevemos la soldadura, el ensamblaje, el servicio al cliente, la operación de máquinas y plantas, y la ingeniería a flujos de aprendizaje formales utilizando las tecnologías educativas que ya existen en el mundo corporativo!
Quizás el aula necesaria para este tipo de aprendizaje técnico se vea ligeramente diferente al modelo que se ha utilizado, prácticamente sin cambios, durante más de un siglo. Quizás estas “aulas” se descentralicen más, con empresas que abran sus instalaciones de capacitación, salas de juntas, equipos audiovisuales, etc., a clases técnicas programadas.
Sin embargo, para que la logística precisa de implementar este nuevo enfoque educativo se materialice, será necesario el apoyo y el estímulo del gobierno para habilitar, formalizar y regular los flujos educativos basados en la adquisición de destrezas para que tengan éxito. Con el sector público y privado dedicados a movilizar el poder de la tecnología educativa para mejorar las posibilidades de aprendizaje en el aula, podemos comenzar a construir un sistema donde la finalización de un flujo escolar produzca personas más preparadas para las demandas de la economía formal, y que puedan ser empleadas de manera mucho más rápida y productiva.
Así es como podemos empezar a garantizar que nuestra juventud se convierta en un dividendo, no en una carga.