Si bien la transformación digital y el traslado a la Connected Enterprise ofrecen beneficios increíbles a las organizaciones – mejor visualización, mejor y más rápida adquisición de datos y procesamiento, asistencia remota y toma de decisiones informada – existe una preocupación generalizada en la industria de que la empresa "inteligente" es cada vez más vulnerable. Más tecnología conectada puede significar más oportunidades para ciberataques. Si a esto se le suma el trabajo remoto, donde los empleados potencialmente trabajan en sus computadoras personales o domésticas con software antivirus insuficiente, la preocupación aumenta.
Al llevar esto a un entorno de fabricación, procesos o minería, las amenazas que presentan los ciberataques van más allá del malware, la denegación de servicio o el ransomware y se dirigen hacia errores debilitantes y tiempo improductivo. En un contexto de operaciones de procesos, los riesgos incluyen paradas de producción costosas y la posibilidad de daños humanos. Un ejemplo aterrador fue reportado por el New York Times en 2018, donde una planta petroquímica en Arabia Saudita fue atacada por un nuevo tipo de ciberataque que no fue diseñado para simplemente destruir datos o cerrar la planta. Los investigadores creen que estaba destinado a sabotear las operaciones de la empresa y provocar una explosión. Afortunadamente, el ataque fue evitado por un error en la codificación del atacante.
Si bien este es un ejemplo bastante drástico, el mensaje es claro: los riesgos son muy reales.