Las fábricas conectadas se están convirtiendo en algo habitual, ya que los fabricantes reconocen y aprovechan el poder que pueden desbloquear sus datos operativos. De hecho, la pandemia de COVID-19 obligó a muchas empresas a cambiar y adaptarse a la "nueva normalidad", siendo la base de estas iniciativas las capacidades de datos, es decir, la digitalización.
Al abrir la tapa de su tecnología, personas y procesos, y extraer estos datos operativos, muchos han descubierto innumerables capacidades y conexiones latentes que les ofrecen una mayor visión de la operación, la capacidad y la eficiencia de sus líneas de producción.
Pero con todos estos nuevos datos disponibles, la gran pregunta es: ¿Se utiliza esta información al máximo? ¿Están las empresas exprimiendo hasta el último byte de información útil y desplegándola donde y cuando puede marcar la diferencia, tomando las decisiones adecuadas en el momento adecuado?